Certificar la experiencia profesional: validación, vocación y cambio social

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Certificar la experiencia profesional: validación, vocación y cambio social

Cada vez se plantea con más insistencia la necesidad de buscar instrumentos que nos ayuden a mejorar la empleabilidad de las personas y poner en valor las capacidades profesionales de la población activa, con disponibilidad de empleabilidad, en los territorios. El cambio económico y en consecuencia el cambio social lo están exigiendo de manera inmediata.

En este sentido, dimensionar las competencias y capacidades de las personas, la experiencia y conocimientos adquiridos por la vía formal y no formal a lo largo de su trayectoria profesional, es fundamental para conseguir mejorar las posibilidades de empleo. Esta cuestión es una de las prioridades del Consejo de Europa y de los países de nuestro entorno. Los días 9 y 10 del mes de abril se ha llevado a cabo el primer seminario para desarrollar las acciones activadas por las Recomendaciones del Consejo sobre la validación del aprendizaje no formal e informal que se publicaron en el Official Journal of the European Union del 20 diciembre de 2012. en este documento se reconoce el importante papel que el proceso puede tener en el replanteo de la educación, en la mejora de la oferta de calificaciones en el mercado laboral, en la promoción de la movilidad y en el avance de la competitividad y el crecimiento económico.

Las prescripciones del Consejo promueven también un impulso para una mayor cooperación europea en apoyar las políticas y prácticas nacionales en el ámbito de la validación del aprendizaje no formal e informal.

EN QUÉ CONSISTE LA VALIDACIÓN, Y QUE ES EL RECONOCIMIENTO?

A lo largo de las nuestra vida tenemos la oportunidad de encontrarnos en muchos contextos de aprendizaje que no son los que formalmente entendemos del sistema educativo en general: en primer lugar, lo que los expertos llaman educación no formal (cursos, talleres, educación para adultos y cualquier formación que implique la existencia de profesores y alumnos); en segundo lugar, la llamada educación informal, ajena a las aulas (aprendizaje de idiomas en el extranjero, aprendizaje en el puesto de trabajo, actividades de voluntariado, …). En este caso, la certificación es más compleja y, al mismo tiempo, más necesaria, porque no hay prueba escrita de estas destrezas, que pueden provenir de experiencias cotidianas. Reconocer que el aprendizaje también tiene lugar fuera del sistema educativo, en el ámbito profesional y contextos personales, no debería ser nuevo pero resulta difícil de incorporar en nuestra manera de entender la formación, incluso desde la perspectiva del propio afectado. Mientras que el aprendizaje formal se produce en un mercado organizado y en un contexto estructurado, es intencional y da lugar a un título reconocido; el aprendizaje no formal está integrado en las actividades no diseñadas explícitamente y no planificadas como aprendizaje, es decir, está integrado en actividades de la vida relacionadas con el trabajo, la familia o incluso el ocio.

Cuando se habla de validación y certificación de las competencias de las personas, de lo que se trata es de documentar todos estos aprendizajes para que, con un proceso de asesoramiento, de validación de las habilidades que se puedan identificar en el proceso de análisis, se ordenen las competencias que, por diferentes vías, ha adquirido la persona en su trayectoria profesional y personal y, a partir de aquellas, establecer unas equivalencias con los aprendizajes a realizar por la vía formal, para la obtención de una titulación del sistema.

Aunque muchos países hacen ya una cierta validación del conocimiento de los trabajadores, sólo cuatro-Francia, Holanda, Luxemburgo y Finlandia-disponen de un esquema completo. Los expertos consideran el modelo francés especialmente acertado. Allí, un trabajador puede pedir en cualquier momento que se le reconozcan las competencias profesionales. El interesado deberá documentar lo que sabe y, si el jurado considera que es suficiente (también le puede pedir pruebas extraordinarias), le expedirá un título equivalente al del profesional que lo ha obtenido por la vía formal.2 La Generalidad de Cataluña publicó en enero de este año una resolución por la puesta en marcha y organización del servicio de Asesoramiento en la Formación Profesional y del servicio de reconocimiento académico del aprendizajes alcanzados mediante la experiencia laboral o en actividades sociales.

La certificación como herramienta para el impulso de las economías de los países ha estado recibiendo cada vez más atención en la agenda política de Europa. Económicamente, las nuevas presiones de la competencia global y la reestructuraciones internas de las economías europeas han dado lugar a mercados de trabajo más flexibles y una mayor movilidad laboral. La ola de paro ha añadido la constatación de que casi una cuarta parte de los jóvenes (y más de la mitad en España) no tienen empleo. Europa debe procurar una solución de manera urgente. Si cumplen lo acordado, la Unión Europea dispondrá, en 2018, de un marco homogéneo para validar los conocimientos adquiridos fuera de los canales oficiales. La responsable de Educación, Androulla Vassiliou, pidió que se aplicara ya en 2015 para mejorar cuanto antes las perspectivas de empleo de los jóvenes, se ve en esta iniciativa un importante incentivo para la movilidad de los trabajadores. Si las competencias de un profesional son reconocidas por un país y aceptadas de manera homogénea por el resto, será más fácil animarse a dar el salto cuando la ocupación escasee en un país. De forma indirecta, también se persigue aumentar el interés de los europeos por formarse a lo largo de su vida, no sólo antes de ingresar en el mercado de trabajo. El interés es, hasta ahora, limitado.

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